miércoles, 11 de febrero de 2009

Ley expropiatoria en el Cono Sur de Lima, el Estado está ayudando?



Uffff han habido hartos comentarios con respeto a la ley de expropiación, algunos han dicho: "será una medida que incentive las invasiones, la informalidad, que es tierra que se le está regalando a los "pirateadores de terrenos, a traficantes", se ha dicho que la referida ley tiene como fin el volver legal una realidad que es informal. Un último y escalofriante comentario es el que todas la familias beneficiarias "están saltando de alegría por esta medida". Harto metiche en el tema, poco razonamiento social.


La ley de por sí es populista, no tengo discusión en ello. Pero todos los comentarios y argumentos citados hacen más del mismo: ser indiferentes, una vez más, al tema de la invasiones y asentamientos humanos.

No creo que este tipo de leyes INCENTIVEN las invasiones, para empezar las invasiones no se producen de la noche a la mañana siguiente, son procesos de lenta consolidación y que ganan fuerza debido a la inacción del Estado y legitimación que les da el mismo. COFOPRI y diferentes órganos estatales (el Ministerio de Vivienda entre ellos) han metido la mano alguna vez en estos mismos terrenos; sin embargo, su intervención ha sido pasajera y sin buen provecho. Como señala un excelente trabajo (1), específicamente en Lomo de Corvina, pareciera que el Estado actúa sólo cuando existen problemas coyunturales graves (Lomo de Corvina sufrió un terrible incendio en el 2003 y el estado derecto como zona de emergencia a dicho sector) y cuando también se necesita apoyo en las encuestas de popularidad.


Considero que las invasiones son fenómenos extremos que surgen de una necesidad por algo tan básico como lo es un lugar para vivir y desarrollarse. No hay motivo por el que se deba creer que mañana más tarde un grupo de personas se organice con el fin de invadir un lugar en el que nadie habita. La organización ocurre cuando existen pares, iguales que tienen un fin en común, en este caso los presentes invasores y poseedores de tierras no tienen un fin, sino algo más fuerte aún: una misma realidad. Es una necesidad básica la que ellos buscan, no se puede pensar que el querer vivir y desarrollarse en algún lugar específico es una conducta incentivada, puesto el vivir ello es una conducta inherente al ser humano.

Si se está buscando formalidad en este sector, creo que de por sí está apuntando muy lejos. Un estudio (2) sobre invasiones, concluye que un título no es la prioridad que tiene un invasor, el invasor es un poseedor, y aquel de por sí ya goza de derechos con respecto a su vivienda. Todos estos giran en torno a un derecho que se forma en el invasor, me refiero, al derecho expectaticio. Dicho concepto es una construcción teórica que circunscribe derechos que sí conocemos y que el estudio citado recoge:


“...la invasión marca el nacimiento del derecho expectaticio; el título, el paso del derecho expectaticio al legal; y finalmente, el registro, el paso del derecho legal al registrado. El derecho expectaticio refiere, “se origina a través de una invasión o toma de posesión, o en un compraventa ilegal de terrenos agrícolas. No goza de legitimidad alguna según las leyes del país, pero su existencia se sustenta tanto en el percepción del propietario como en el consentimiento y reconocimiento por parte de la sociedad. Poseer un derecho expectaticio tampoco debe considerarse solo la probabilidad de un beneficio a recibirse e el futuro, como quien adquiere una apuesta en el hipódromo o compra un billete de lotería; más bien, ser poseedor de un derecho expectaticio es poder ya, en la actualidad y en algún grado usar, disfrutar, reivindicar la propiedad de un terreno.”


Razón no falta, puesto el mecanismo de la posesión de por sí permite acceder a servicios como el agua , luz telefonía, etc. No es requisito el tener un título de propiedad, puesto como ya sabemos, las invasiones no parten en un inicio como legítimos propietarios. Así como los pagos de servicios públicos no acreditan la propiedad, de la misma forma no se acceden a ellos presentando el título de propiedad. Ahora basta el de posesión.



El título, no ayuda en nada a mejorar una cruda realidad, lo que sí puede ayudar es impulsar los programas de agua y desagüe en lugares que son abastecidos por el camión cisterna. No me río cuando aparece una sentencia que califica al agua como un derecho fundamental, puesto fuera de los errores de nominación jurídica, existen urgencias que deben ser atendidas inmediatamente.


Si se quiere mejorar la realidad de estos enormes grupos de personas se debe de empezar por las necesidades que señalan los mismos pobladores (agua, luz, teléfono, postas, colegios, etc.). No es necesario el garantizar la propiedad en la que viven, recordemos que estás invasiones de aproximadamente 10 años atrás y saben perfectamente que no tienen título de porpietarios puesto son invasores.


Lamentablemente estos invasores no confían en el Estado, puesto éste aún no los ha tocado u atendido, y medidas y comentarios como los que señalé al inicio, no hacen más que hacer una cadena de indiferencia ante una realidad que no quiere ser atendida. El problema no se ataca correctamente y otra vez no se aporta para mejorar la cruda realidad de lugares que merecen condiciones mínimas para buscar su mejor desarrollo.


La presente ley hace poco por toooooda la gente que vive en los Asentamientos Humanos y muchos columnistas lo mismo.


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(1) Ramirez Corso y Riofrío, llamado “Ubicación de los Nuevos Barrios en Lima Sur”.

(2) Webb Duarte, Richard. La construcción del derecho de propiedad: el caso de los asentamientos humanos en el Perú. p. 16




viernes, 6 de febrero de 2009

Playing for change- Stand by me

Muy buena. Yo me imagino otra edición, con muchos elementos que la mayoría dominamos pero no nos atrevemos a usar ( la mayoria eh! conozco harto loco), no hay que ir muy lejos para brillar mucho. Se puede brillar con lo poco que se tiene. " Asi es" me diría una personita muy personita que tiene un demonio en la cabeza.

video

jueves, 5 de febrero de 2009

Discrimination at the lunchtime


Siempre que inicias prácticas o algún trabajo con el mismo fin (iniciarte en tu carrera), ves a tus futuros colegas como ejemplos a seguir. Así, no es muy difícil ubicar al hábil, al letrado y culto, al vago pero inteligente, a todos los administrativos que siempre están para ayudar, a los del almuerzo, a los bromistas y a tus pares, los otros practicantes.

A veces las conversaciones son del todo interesantes y algunas lamentablemente inexplicables.


Hace ya bastantes años, fui a comer con un buen grupo de abogados, y como es normal en el ocio de particulares almuerzos decidimos no hablar de derecho, para qué, si a veces hay cosas más entretenidas.


Yo entusiasmado por comerme el ceviche de entrada, mostraba mis nobles modales al tratar de seguir una conversación que no entendía ni me interesaba entender, todo ello hasta que escuché: “es así que la gente de la sierra piensa menos”.



Whattttttttt??

Perdón, perdón, pero creo que me perdí, como así llegamos a esa conclusión- Increpé delicadamente.


Señorona 1: Claro pues Omarcito, es que la gente de la sierra piensa menos porque están ubicados geográficamente en la altura y como tú comprenderás físicamente en la altura hay carencia de oxigeno y es obvio que su cerebro piensa menos.


Señorona 2: Claro, por eso hay poco desarrollo, no entienden bien los temas, no son hábiles, etc.


Cernícalo 3: Que loco no?


Me quedé absolutamente loco, no asombrado sino loco, con toda la porquería que estaban hablando, no solamente porque tengo amigos y familiares de la sierra, sino porque sentía que me estaban tomando el pelo o de repente estaba siendo víctima de alguna provocación.


No iba a responder dando el respectivo ataque con las respectivas alusiones a la discriminación por origen étnico – Puesto no creo en las razas como concepto- o las incoherentes argumentaciones de física extraterrstre que sostenían. Ello habría sido incomprendido, puesto no estaba delante de algún misterioso estudio de campo, sino ante un razonamiento de los más miserables.


Así, que respondí: - Ustedes han estado en la sierra?- Todas : “Claro”. Comenté algo así como: “ Y ustedes aprendieron todo eso en sus clases de física o de educación física”


Todas calladas.


No creo que haya ganado mucho con semejante comentario, no podía abandonar la conversa como muchas veces hice ante alguna conversación sosa de universidad, seguía sentado ahí con mi ceviche y con mis señoronas acompañantes, a ninguna le gustó mi cara y creo que me agarraron antipatía. Fue la última vez que me llamaron para almorzar juntos, no me sentí mal ni bien. Sentía que no había pasado nada, me llevé la moraleja de que lo sucedido ocurre cuando las conversaciones no te llevan a nada y simplemente las recuerdas por ser bobas. Nunca más me invitaron a comer, pero felizmente me siguieron diciendo “Omarcito”, cachosamente, pero felizmente "Omarcito".