Mi amigo Israel me escribe desesperado y comparte conmigo un sueño en el que mi novia, nuestra nenita y yo lo salvamos de una enérgica ola que se lo trataba de comer. Pienso entonces que su sueño me atraviesa el pecho y me indica que las visiones no se quedan en el campo de lo onírico. Afirmación que rescato al reflexionar de lo importante que fue su mail y la comunicación en tono de urgencia.
Quizás vio el futuro, sería osado pensarlo así, pero acaso esto es malo?, creo que todo lo contrario. Hoy muchas personas se cuidan de no parecer cariñosos, tratan de ser estrategas de relaciones y caminan con mucho cuidado; sin embargo, en la intimidad y el espacio de dos, la gente cree mucho en los sueños y en lo necesarios que son para poder mantenerse con la ilusión que otras parejas buscan.
Hace tiempo escribí un cuento para niños en donde afirmaba que cuando uno de ellos duerme no sólo descansa, sino que se alimenta de ángeles que lo llenan de vida, quizás muy cursi, puede ser, pero no imposible para los niños.
Si uno sueña o se ilusiona es porque justamente hay muchas realidades admirables y que se pueden transformar en extensiones de la realidad; los jóvenes y adultos también deben soñar, es necesario.
Soñar e imaginar que los sueños pueden habitar en la cabeza de un amigo sería una maravilla ( nos llamaríamos con más confianza, brindaríamos por ese sueño); ahora que recapacito, debí responderle a Israel: Israel te me adelantaste y soñaste mi sueño.
Un sueño que comento aquí, porque como me dice mi novia, no hay por qué tenerle miedo a soñar.
Y recuerdo alguna afirmación que decía que los fantasmas realmente asustan cuando están más lejos, que cuando están más cerca de uno.
Hoy este sueño está a mi costado y esta madrugada escribimos sobre él.





