
Escuché a Calamaco mientras paseaba a mi perro, mientras corría rápido, por la noches, en mis viajes al sur, quise que se convirtiera en mi cantante de culto, su voz rasposa y endemoniadas historias sentimentales calzaban perfecto con esa melancolía innecesaria que debe tener cualquier adolescente.
Aquel día estuve predispuesto a pasarla bien, mis amigas Ángela, July y Sandra, todas ellas con un ojo maravilloso para los espectáculos trascendentes, fueron las culpables de que haya retrocedido en el tiempo y recordar lo que es ser un fanático.
Recordé que un fanático está loco, debe de coleccionar las revistas en las que sale su artista, tiende a vestirse como él, tiende a saber casi todas las canciones, a cantarlas antes de largarse a la fiesta por la noche, piensa como él, etc. Esa mañana estuve interconectado con todas mis amigas, sabía que todas iban a festejar aquel día y de alguna forma me comuniqué con todas, espero que ellas hayan sentido esa interconexión, porque a mí me quedo claro que estuve con ellas.
La mañana del 26 de Octubre, mis amigos caían a mi casa, era la preconcentración, Calamaro sonaba fuerte en mi equipo y había cigarros por doquier. Mi hermana me recomendó escuchar “Mi Gin tonic”, “Estadio Azteca” “Soy tuyo” y otras menos conocidas y del disco “lengua popular”. La lógica era no quedarse tarareando como tarado las canciones. Pero, no sé por qué motivo me quedé pegado con una sola: “Elvis está vivo”. Mi primo, a quién inculqué Calamaro y hoy sabe mejor su historia que yo, me decía: “Omar deja de perder el tiempo con esa canción, no la cantará porque no la cantó en Quito (la capital previa a Lima en la gira) y, además, es poco conocida. El enamorado de mi hermana me dijo “Esa canción es bravaza, pero nunca la canta en sus conciertos”. Todo indicaba que estaba perdiendo mi tiempo, pero qué culpa podía tener!, ese día la canción se me pegó en la mente y obsesión.
Mientras viajamos en el taxi, la escuché en el mp3 una, dos, tres veces, mientras me imaginaba el piso de tierra de la explanada del estadio, los diez años del regreso y lo mostro que se ven las tomas de "travelling" en los reportajes de conciertos, exactamente, cuando filman a los fanáticos que muestran orgullosos sus entradas en mano, mientras hacen su cola.
Calamaro apareció a las 8:10pm, tocó canción tras canción, sin grandes introducciones; pero hubo una excepción. De pronto dijo “a que no saben, hoy estuve comprando verduras en Lima y me encontré a Elvis en la tienda, no lo podía creer”. Inmediatamente, mi primo, y amigos voltearon a verme y a matarse de la risa de la emoción, me jalaban el polo mientras me gritaban “te escuchó huevón”, "Calamaro te escuchó”, “eres un lechero de mierda”. Se me formó una sonrisota en la cara, estaba emocionado. Mi primo me abrazó por el cuello y nos pusimos a cantar la canción, me di cuenta que, en efecto, la canción era poco conocida, la gente no se sabía la letra, situación que aproveché al máximo para sacar ventaja de mi condición de más fanático. Me rompí la garganta y quedé fenomenalmente satisfecho.
No quiero creer que ese día ocurrió una coincidencia, eso sería creer que Calamaro no es especial. Creo que ese día, mi condición de fanático jugó misteriosamente a mi favor y logré que se me leyera la mente y así, se me cumpla el deseo. Es posible que Calamaro me haya leído la mente y que Elvis esté vivo, todo es posible, felizmente ya entendí que es mejor ser discreto y que, como dice la letra de la canción, “será mejor así”.
Gracias Calamaro.