martes, 20 de enero de 2009

El Aliento Alcohólico del trabajador Pablo Cayo.

"Los Borrachos". Diego Velázquez.

Salud! por ese buen fallo.


Hoy, sigue la polémica sobre el caso de Pablo Cayo Mendoza, el barredor despedido de la comuna chorrillana. La columna “Observador” de Mirko Lauer en la República, menciona el sentir irónico del caso, según un cable internacional:

“No puede despedirme, estoy borracho”. (Oh!)

Gracioso resumen para un caso que se ha ventilado en cuanto todo medio de prensa exista. Ya estoy esperando las parodias del “Especial del Humor” las cuales estoy seguro serán más que buenas.

Pero siempre este tipo de decisión judicial genera una división, por un lado quienes se solidarizan con un “humilde trabajador municipal” (últimamente, la mayoría); por otro, aquellos que no toleran la indisciplina en el trabajo, puesto obviamente implica un relajo en el centro laboral, lugar en donde se medirá el rendimiento y productividad del trabajador.

Existe mucho manoseo sobre el presente caso, de plano se ha logrado separar el “estar ebrio” al “estar con aliento alcohólico”. Así, el aliento alcohólico ya no es un fuerte indicio para detectar a un ebrio. Simplemente es la característica de haber tomado un vaso de alcohol. Pues sí, puesto si me como un chocolatito de pisco o una bolsita de “pasitas borrachas”, es probable que también tenga aliento alcohólico, pero no esté borracho.

Creo que hay un error a la hora de determinar el estado de embriaguez del señor Cayo Mendoza, pareciera que el olfato de la Sra. Janet Díaz (la supervisora del señor Cayo) y la negativa de éste ( el trabajador) a someterse al dosaje etílico fueron las razones justificantes de la presunta embriaguez del señor Cayo.

Pues creo que un despido por falta grave, debe atender a dicha causal. Y como señala el TC en el fundamento jurídico 15 de la sentencia Nº 03169-2006-PA/TC:

“…pues si bien conforme se ha señalado en fundamento que precede al demandante se le puede reputar que ha incurrido en la falta grave que se le imputa (1) , no es menos cierto que en ningún momento ha incurrido en algún acto de violencia, injuria o faltamiento de palabra verbal o escrita en agravio del empleador, del personal jerárquico o de otros trabajadores, ni ha ocasionado daño alguno al patrimonio ni acervo documentario de la Municipalidad emplazada".

El estar ebrio puede implicar la falta de productividad en el trabajo, uno desordena su sensatez, y hay muchos argumentos para decir que los borrachos no son bienvenidos. Pero como ya se señaló, este no fue el caso del señor Cayo, quien nunca antes se le amonestó escrita o verbalmente por una indisciplina en el trabajo. Los argumentos de cinco de los siete magistrados, han optado por calificar dicho despido como desproporcionado e irrazonable. Razón no falta, puesto el señor Cayo nunca exteriorizó alguna indisciplina, su condena fue haberse acercado a su supervisora y hablarle con el fuerte tufo. Pero fue un olfato el que detectó el aliento, más no una indisciplina notoria y, a la vez, reprochable.

No es que se trate de justificar el aliento alcohólico o incentivar la embriaguez en el centro laboral (eso es una patraña ), hay que tener en cuenta que el presente caso no es vinculante, ni menos aún se le puede tomar como un buen criterio general que recaiga en todos los trabajares y en todos los tipos de trabajo. No, nada que ver.

Una falta grave debe ser tratada como un quiebre del respeto que debe existir entre el trabajador y el trabajo que le encarga su empleador. Y en el presente caso, el señor Cayo guardó las formas y disciplina, el error fue el no haber disimulado el aliento alcohólico que tantos problemas le trajo. Considero oportuno e importante, el enfoque hacia el record del trabajador, sus amonestaciones, indisciplinas, etc. Toda esta línea permite conocer el verdadero desenvolvimiento del trabajador, nada nos detallará mejor su verdadero comportamiento que su historia laboral.

Desenvolvimiento que sí nos permitirá ayudar a determinar si el citado trabajador es una persona que constantemente ha estado ebrio en su centro de labores, o que simplemente un día antes tomó alcohol en un funeral y fue presa de su acompañante aliento alcohólico. Yo creo que éste tipo de análisis nos permite generar un sentimiento duda sobre una decisión determinante (el despido). Y por lo analizado no puedo concluir que el citado trabajador haya merecido el despido, lo más extremo debió ser una amonestación.

The End.

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(1).Aquí, el artículo 87º del Reglamento Interno de Trabajo del Personal establece como falta laboral: “ el presentarse a sus labores en estado de embriaguez o bajo efectos de narcóticos- Así mismo, el inciso e) del art. 25º del Decreto Supremo Nº 003-97-TR considera falta grave “ la concurrencia reiterada en estado de embriaguez…y aunque no sea reiterada cuando por la naturaleza de la función o del trabajo revista excepcional gravedad”

jueves, 25 de diciembre de 2008

Regalos de Cesar Hildebrandt



EL 24 de diciembre ha sido una fecha especial, una fecha especial pero llena de casi siempre lo mismo, en el trabajo el juego del "amigo secreto" al que siempre me negué a participar por predesible y desabrido, los mismos adornos medianos y fetiches, los saludos que terminan en "que tengas una feliz navidad", todo igual que siempre: aburrido. Así que recurrí a los periódicos, todo en la misma línea: nada. Hasta que un buen amigo me alcanzó el que considero el mejor artículo de la fecha navideña. El autor, Cesar Hildebrandt y una reflexión que chispa entre los sesudo y , a la vez, distitinto a todo lo que siempre me ha aburrido.

Con ustedes los "Regalos de navidad"publicado en el diario La Primera, del 24 de diciembre de 2008-



Regalos de navidad


Habrá que regalarle al amor un poco de menos entusiasmo. Y al desamor una dosis de memoria.
Y a los grandes sueños con mayúsculas un manual del escepticismo y una enciclopedia del fracaso.
Y al árbol que se alza creyéndose el fundador de todas las genealogías, regalémosle la sombra de otros árboles mejores.
Y al bosque una pradera.
Y a la pradera un mar.
Y al mar un gran naufragio.
Al egoísmo debemos regalarle una guerra civil congolesa.
Y a la neutralidad, una ruandesa.
A Steven Spielberg, un huérfano de Gaza.
Y a Alan García deberíamos regalarle perspectiva (en dosis de caballo).
Y a Obama, al que sólo Shangó podrá salvar, una disminución del patriotismo.
Y a la estrella de Belén un astrónomo sumerio para que diga toda la verdad.
Y a los sodálites -las barras bravas de Dios- la cortesía intelectual de la duda.
A los que se volvieron, ya viejos, defensores del viejo orden habría que mandarles la foto de la primera enamorada.
A Fujimori, la espada con la que jamás se haría el Harakiri porque el Harakiri es el restablecimiento del honor y no se restablece lo que nunca se tuvo.
Debemos regalarle a la mujer de al lado una mirada y al niño menesteroso un llamamiento y a Cipriani la fe del carbonero.
Y al que no pide nada, debemos regalarle más que nunca.
Sería de lo mejor regalarle a la izquierda un poco de derecha y a la derecha un tiburón blanco.
El mejor regalo para Genaro Delgado sería devolverle el alma (encontrada en una escena del crimen).
Y a Dionisio Romero habría que regalarle un libro sobre la fugacidad.
Y a Bernard Madoff un juego de Monopolio.
Y al pobre diablo, un libro de Hugo Neira para que se consuele.
Al Señor de los Milagros, un milagro.
Y al cielo de Lima, una foto del cielo de Huaraz.
A los comunistas sobrevivientes, una réplica del único muro que la demagogia igualitaria no podrá derribar: la Gran Muralla China.
Al señor Bush hay que regalarle dos montañas: una de cadáveres iraquíes y otra de caca.
Al nuevo Adán, un paraíso (fiscal).
A los fanáticos, un poco de perdón.
Y al perdón, sabiduría.
Y a la sabiduría, un poco de tristeza.
Y a la tristeza, nada. Porque nada necesita la tristeza.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Lecciones de cuándo ser empresario.


Mi empresa de cometas.


No hace mucho fui a Miraflores, mi enamorada me animó a llevar a su sobrino Diego a volar su reciente obsequio: una cometa. Mi ánimo fue desinteresado y apuntaba a divertirme con Diego. Fuimos a los acantilados y después de merodear por los alrededores me decidí por mostrar mis dotes de planeador de cometas. El pabilo tenso, y con la suficiente confianza de mis reflejos, emprendí en la aventura, la cometa se alzó demasiado, estaba volando, la cara de felicidad de Diego hizo que mi afanamiento se recargue.


No sólo Diego notó mis notables esfuerzos, sino que también lo hizo mucha gente. Una señora se me acercó y preguntó el dónde había adquirido la cometa, no le supe contestar; luego, un niño se me acercó y me preguntó si es que vendía mi cometa, le respondí entre risas que no. Luego se me acercó una familia entera y me preguntó por el precio de las cometas que vendía; amablemente les contesté que no vendía cometas. Sin embargo, poco a poco mi amateur esfuerzo se fue debilitando, mi pensamiento comenzó a maquinar como empresario, me preguntaba qué habría pasado si hubiera traído cinco cometas y las hubiera vendido a 10 soles cada una.


Luego, pensé en las posibilidades en que el comercio que hipotéticamente hubiera ejercido, pudiera caer en un presupuesto informal ante el desconocimiento de la municipalidad de la competencia, pensé en la organización de mi empresa de cometas y en la necesidad del marketing que debía realizar, obviamente no sólo se trataba de vender cometas, sino que también debía demostrar que las que vendía era bienes en perfecto estado y que por ende garantizaba las óptimas condiciones que luego no daría lugar a supuesto reclamos.


Me llené de muchos análisis y de hipotéticos supuestos, pensé en que la próxima vez que vendríamos a Miraflores deberíamos hacerlo de nuevo con Diego para que yo pueda tener la imagen de un empresario desinteresado y colaborativo con la felicidad de otras familias a las que les faltara una cometa.


Pensé en muchas cosas, pero recordé que mi pequeño amigo Diego había venido sólo por una semana a Lima y que ese día era sábado y que era el último sábado de su viaje; qué podía entender Diego de mi empresa, no tenía edad para estar preocupándose de la rentabilidad de mis supuestos negocios, no tenía que merecerse mi desatención, poco a poco fui quitándome ideas de la cabeza y a medida que lo hacía, volvía a sonreír y atender a las carcajadas de Diego, miraba a mi alrededor y mi enamorada me sonreía y hacía señas con los ojos, yo le respondí correspondiendo esas señas; la cometa había perdido vuelo mientras pensaba tanto, poco a poco y a medida que me quitaba las operaciones mentales, ésta recuperó la altura del inicio. Estoy seguro que si hubiera sido niño no hubiera estado pensado tanta cojudez, me habría olvidado el qué tan alto voló ese día mi cometa y, obviamente, habría olvidado las sonrisas que hoy recuerdo de Diego.



miércoles, 29 de octubre de 2008

Elvis está vivo.


Andrés Calamaro me escuchó.
















El 26 de Octubre Andrés Calamaro tocó en Lima. Yo, recontra emocionado con la llegada del “loco”, retrocedí en el tiempo, exactamente al de muchacho de pantalón roto. Escuché a Calamaro hasta el punto de quedar hipnotizado por sus canciones, tengo clarísimo el recuerdo de lo alucinante que me parecía la letra “me arde, me está quemando, estoy disimulando, como el fuego sobre la superficie del mar…como el viento caliente del desierto, me quema, me quema, saber que no vas volver”. Esa canción fue la culpable de que me encerrara todo un día a tratar de escribir el cuento de cómo un amor de verano me terminó por incendiar la cabeza.

Escuché a Calamaco mientras paseaba a mi perro, mientras corría rápido, por la noches, en mis viajes al sur, quise que se convirtiera en mi cantante de culto, su voz rasposa y endemoniadas historias sentimentales calzaban perfecto con esa melancolía innecesaria que debe tener cualquier adolescente.

Aquel día estuve predispuesto a pasarla bien, mis amigas Ángela, July y Sandra, todas ellas con un ojo maravilloso para los espectáculos trascendentes, fueron las culpables de que haya retrocedido en el tiempo y recordar lo que es ser un fanático.

Recordé que un fanático está loco, debe de coleccionar las revistas en las que sale su artista, tiende a vestirse como él, tiende a saber casi todas las canciones, a cantarlas antes de largarse a la fiesta por la noche, piensa como él, etc. Esa mañana estuve interconectado con todas mis amigas, sabía que todas iban a festejar aquel día y de alguna forma me comuniqué con todas, espero que ellas hayan sentido esa interconexión, porque a mí me quedo claro que estuve con ellas.

La mañana del 26 de Octubre, mis amigos caían a mi casa, era la preconcentración, Calamaro sonaba fuerte en mi equipo y había cigarros por doquier. Mi hermana me recomendó escuchar “Mi Gin tonic”, “Estadio Azteca” “Soy tuyo” y otras menos conocidas y del disco “lengua popular”. La lógica era no quedarse tarareando como tarado las canciones. Pero, no sé por qué motivo me quedé pegado con una sola: “Elvis está vivo”. Mi primo, a quién inculqué Calamaro y hoy sabe mejor su historia que yo, me decía: “Omar deja de perder el tiempo con esa canción, no la cantará porque no la cantó en Quito (la capital previa a Lima en la gira) y, además, es poco conocida. El enamorado de mi hermana me dijo “Esa canción es bravaza, pero nunca la canta en sus conciertos”. Todo indicaba que estaba perdiendo mi tiempo, pero qué culpa podía tener!, ese día la canción se me pegó en la mente y obsesión.

Mientras viajamos en el taxi, la escuché en el mp3 una, dos, tres veces, mientras me imaginaba el piso de tierra de la explanada del estadio, los diez años del regreso y lo mostro que se ven las tomas de "travelling" en los reportajes de conciertos, exactamente, cuando filman a los fanáticos que muestran orgullosos sus entradas en mano, mientras hacen su cola.

Calamaro apareció a las 8:10pm, tocó canción tras canción, sin grandes introducciones; pero hubo una excepción. De pronto dijo “a que no saben, hoy estuve comprando verduras en Lima y me encontré a Elvis en la tienda, no lo podía creer”. Inmediatamente, mi primo, y amigos voltearon a verme y a matarse de la risa de la emoción, me jalaban el polo mientras me gritaban “te escuchó huevón”, "Calamaro te escuchó”, “eres un lechero de mierda”. Se me formó una sonrisota en la cara, estaba emocionado. Mi primo me abrazó por el cuello y nos pusimos a cantar la canción, me di cuenta que, en efecto, la canción era poco conocida, la gente no se sabía la letra, situación que aproveché al máximo para sacar ventaja de mi condición de más fanático. Me rompí la garganta y quedé fenomenalmente satisfecho.

No quiero creer que ese día ocurrió una coincidencia, eso sería creer que Calamaro no es especial. Creo que ese día, mi condición de fanático jugó misteriosamente a mi favor y logré que se me leyera la mente y así, se me cumpla el deseo. Es posible que Calamaro me haya leído la mente y que Elvis esté vivo, todo es posible, felizmente ya entendí que es mejor ser discreto y que, como dice la letra de la canción, “será mejor así”.

Gracias Calamaro.

jueves, 23 de octubre de 2008

25 de Octubre de 2008



Los exámenes y trabajos son abrumadores, el último ciclo tiene un sabor distitinto a otros, como que necesitas vincularte más a la universidad; sin embargo, cada día que corro me aleja más de esa incoherente permanencia.

Cuantas caras habré visto en la universidad, cientos, puede ser. Todas las he sabido reconocer, de repente sin saludar a todas, pero sí a reconocerlas. Me las encontré en los paraderos, en barranco, en miraflores, al frente de la pucp, en la entrada de algún cine, en el café, en los micros, en revistas, en afiches, en el periódico, en las cafetas, en las encerronas, etc. "Esa cara es de la católica, de hecho"

Así como he sabido reconocer caras, es posible que "ellos" "the others" puedan reconocer la mía, por qué no?. Ribeyro, escribió alguna vez, la posibilidad de que se repitieran rasgos de un rostro en otro, en ese sentido, es posible encontrar personas que tengan rasgos similares.

Yo no puedo sostener esa teoría, pero sostengo que una cara en la católica es irrepetible, inconfundible.Cuántas serán las historias de amistad, "esa gente", "cómo estás pues compadre a los años, te acuerdas de la gente del T", "amigooooo a los años, qué es de tu vida".

Conocí las caras de la biblioteca, de la gente que para por el CAPU, de la gente de las pichangas, de las cafetas, de otras facultades. Ubiqué, así como hacen bastantes, a las chicas guapas, a los que compran libros, a los locos del taco, a los que almuerzan el pan del "tio bigote", a los que dormían en los jardines, a los que comían el plato económico, a los que les gustaba el pin-pon, conocí muchas muchas caras y espero recordar a todas aquellas.

Mi papá no ha tenido ningún problema en reconocer a los amigos que no veía por 30 años. Espero que a mí pase lo mismo. Don Luis Jaime Cisneros, tenía la peculiar forma de memorizar los nombres de sus alumnos recordándolos por los peinados que llevaban. Los nombres que me llevo yo, son varios, los recuerdos son aún más. He intentado relacionar a cada persona con alguna anécdota, le estoy poniendo más fe a lo vivido con ellos, que a la costumbre de haberles visto la cara ya unos buenos años.

viernes, 10 de octubre de 2008

El secreto de las comunicaciones y el desvío al problema

Se cayó el gabinete

Se cayó el gabinete, Rómulo León y Alberto Quimper acaban de sumarse a aquellos escándalos de corrupción al que nos tuvo acostumbrado el siniestro asesor de Fujimori. Las implicancias al Ministro Del Castillo han sido demasiadas, el audio suministrado por ex ministro Rospigliosi, ha sido letal. El “petro-audio” ha excretado la más pura y venenosa corrupción en las licitaciones.


Sin embargo, he sentido mucho resentimiento de la clase política actual, varios son los que han dicho que el referido audio atiende a intereses políticos, a violación de la intimidad en las comunicaciones, daría la impresión que dicho audio ha generado un miedo e inestabilidad a la hora de comunicarse, sabrá dios cuántos diálogos parecidos y comprometedores existen en dichas esferas de poder.


Ya oí a Aurelio Pastor el abanderarse a formar “otra nueva comisión” congresal, a fin de descubrir el por qué existe el chuponeo y el atropello a la intimidad de las personas. Se quiere dar el argumento que, ya una vez, utilizó Alberto Kouri; éste sostenía que se debería investigar a los delincuentes que ultrajaron los vladivideos del SIN, puesto que dicha actuación era un “robo”, una ilegalidad. Puede que sí lo sea, pero me pregunto ¿es importante discutir la “forma” en cómo se descubrió el acto de corrupción?, o es que estamos desviando el problema?. Considero que se deben de seguir haciendo esfuerzos para combatir este tipo de actos, hay que ser frontales, los problemas de la “prueba obtenida irregularmente”, es un tema que siempre será polémico y prohibido en casos excepcionales.


Pero la verdad, es que este tipo de debilidades en la inviolabilidad de las comunicaciones es de competencia exclusiva del sistema de inteligencia, no desviemos la atención, ya se descubrió la corrupción y se ha optado por un buen inicio, me refiero, a la destitución de todo el Gabinete.


miércoles, 8 de octubre de 2008

40 años de "Huerto Cerrado" de Alfredo Bryce



El libro de cuentos “Huerto Cerrado”, de Alfredo Bryce, cumple 40 años de su publicación. Fue en el verano de 1965 que Bryce escribió la que sería su primera obra, la misma que conquistara el Premio Casa de las Américas de la Habana, en 1968.


Fue en mis primeros meses de universidad que pude descubrirlo, “Huerto Cerrado”, vaya título pensé, ya por ese entonces me gustaba cualquier tipo de conexión con huertos, granjas y las plantas como el geranio (el culpable fue Ribeyro); sin embargo, mi sorpresa fue más grande cuando me enteré el por qué del título.


Con ustedes, una entrevista que hiciera “Debate” aprovechando una coincidencia en Lima entre Julio Ramón Ribeyro y Alfredo Bryce. Almorzaron un 29 de abril de 1986, en “El Suizo” de la Herradura.


(...)

Y ahora que han pasado por esas experiencias nuevas ¿Recuerdan cómo fue que se conocieron?


-JRR: Yo podría decir solamente que un día Alfredo llegó a mi casa, allá en París, por el año 64. Apareció un día con Hernando Cortés.


-ABE: Sí. Yo acababa de escribir mi primer libro de cuentos, al cual Julio le cambió el titulo.

Me dijo: “el libro es bueno, pero el título se parece a ti”. El título era: El camino es así.


-JRR: Le dije que parecía un mal bolero


-ABE: Yo le dije a Julio entonces que, por favor, él le pusiera el título. Yo fui a ver a un maestro, y Julio recibió a un aprendiz. Lo lindo es que muy rápido nos convertimos en amigos. Cuando yo era estudiante en San Marcos, había una serie de enormes afiches de escritores peruanos en el Parque Universitario. Y siempre la figura de Julio me atrajo más, porque me parecía el más escritor de todos. Aunque no el más fotogénico, ciertamente.


-JRR: Esos afiches fueron iniciativa de Manuel Scorza, cuando sacó los populibros.


-ABE: Esos pósters estuvieron allí meses de meses. Yo sentía la premonición de una amistad que tenía que alcanzar. Yo era amigo del póster y el póster era amigo mío. Hernando Cortés fue una persona maravillosa que, cuando leyó algunas cosas mías, me dijo: “Tienes que conocer a Julio Ramón Ribeyro”. Entonces, cuando tuve realmente la garantía, de que él era íntimo amigo de Julio, me atreví a ir a su casa. Y me trató con un cariño enrome. Julio fue muy honesto conmigo y me dijo que esos cuentos le gustaban, explicándome cuáles eran sus virtudes y cuales eran sus defectos. Muy poco tiempo después, un día llego a mi casa en busca de una máquina fotográfica.

Fue el pretexto para que la amistad continuara, para que no se fuera a quedar en esa visita de un hombre que no volvía para no molestarlo más.


-JRR: Yo me acuerdo de esas épocas. Después de la publicación de Huerto Cerrado (aceptaste mi título), empezaste a escribir Un mundo para Julius(...)























Fuente: Las Letras nuestras de cada día (1986). En: "Las Repuestas del Mudo"(Entrevistas), Selección, prólogo y notas de Jorge Coaguila. Jaime Campodónico/ Editor. Primera Edición diciembre de 1998. Lima, Perú